Noto los huesos de tu amor contra el mío,
húmedo y lánguido
junto a mi espalda y mi pecho, vacío.
Entre nosotros no hay más que hambre
y ansiedad, y calor
se condensa el aire alrededor
entrelazando dedos de alambre.
Convertidos en dos hilos empapados
enroscados, pálidos
que quieren darse de comer
y veo las perlas del rocío
pasearse por tu piel
al alba y desvarío.
Vivo en el preludio eterno de un sentimiento
de la reciprocidad de un bocado
suave, dos agujas punzándose
es despertar a tu lado.
La boca abierta de mi pecho
desangrada sobre el tuyo
garganta desgarrada de alambres y agujas,
así es nuestro amor de profundo.
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