Se trata de sangrar sin pinchar,
de sentir el dolor sin pellizcar
se trata de estar vivo.
La consciencia de uno mismo comprendiéndose como una obra incompleta
como un lienzo, unos colores y un pincel,
con una meta.
Se trata de dibujarse.
Se trata de después de la agotadora tarea de decidir nuestros colores, nuestros trazos, ¡nuestro paisaje! jamás ponernos un marco.
¡Dios mío, que poco nos gusta ponernos el cerco!
¡Y qué incompletos parecemos estar sin él!
Innegablemente indefinidos, extendiéndonos hasta infinitudes, espirales cosmopolitas en un mundo etéreo que nosotros no pintamos ni enmarcamos. Dentro de él, en vez de dentro de uno mismo.
Se trata de no tener miedo.
Se trata de regalar una sonrisa y pintar un trazo de alegría.
Se trata de construirse constantemente.
Cambiar, evolucionar, aspirar cada vez a mayores recompensas. Reemplazar la carta de colores y ser igualmente felices hasta encontrar lo que de verdad nos llena.
Sin restricciones.
Se trata de llegar al final y estar contento por haber pintado tanto,
y siempre estando seguros de que ese era el cuadro que queríamos
y no el que querían ver los demás.