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jueves, 10 de octubre de 2013

Dibújame, que llego tarde a trabajar.

 

«Me inventas si me piensas:
rubia o morena,
casta o promiscua,
cosiéndome un disfraz sin agujas. 
Son pintura y pinceles
tu saliva y tus dedos,
y yo ni existo ni soy
hasta que tú me dibujas».

sábado, 12 de marzo de 2011

Let It Bleed. Like a Rolling Stone.


Acariciar las rocas.
Acariciarlas tan fuerte que raspen, que sangres. 
¿Qué sientes acariciando la seda?
¿te ves a ti mismo dando lo mejor de ti?
¿O ves un anuncio de suavizante conocido por todos cuya canción todo el mundo tararea, donde todo es suavito y no implica mancharse?
No es el camino fácil o el difícil, sino la sangre.
Las cosas funcionan con sangre, con desgarros.
Si no conoces el color de tu propia sangre, si no te has visto machacarte la piel para conseguir verdaderamente el placer de las cosas complicadas, la vida que vives no merece la pena. La vida que vives no te regalará sus mejores sensaciones, sus mejores premios. De hecho, nunca jamás vivirás.

viernes, 22 de octubre de 2010

It's about...


Se trata de sangrar sin pinchar,
de sentir el dolor sin pellizcar
se trata de estar vivo.
La consciencia de uno mismo comprendiéndose como una obra incompleta
como un lienzo, unos colores y un pincel,
con una meta.
Se trata de dibujarse.
Se trata de después de la agotadora tarea de decidir nuestros colores, nuestros trazos, ¡nuestro paisaje! jamás ponernos un marco.
¡Dios mío, que poco nos gusta ponernos el cerco!
¡Y qué incompletos parecemos estar sin él!
Innegablemente indefinidos, extendiéndonos hasta infinitudes, espirales cosmopolitas en un mundo etéreo que nosotros no pintamos ni enmarcamos. Dentro de él, en vez de dentro de uno mismo.
Se trata de no tener miedo.
Se trata de regalar una sonrisa y pintar un trazo de alegría.
Se trata de construirse constantemente.
Cambiar, evolucionar, aspirar cada vez a mayores recompensas. Reemplazar la carta de colores y ser igualmente felices hasta encontrar lo que de verdad nos llena.
Sin restricciones.
Se trata de llegar al final y estar contento por haber pintado tanto,
y siempre estando seguros de que ese era el cuadro que queríamos
y no el que querían ver los demás.

lunes, 4 de octubre de 2010

Enjoy the ride.


El cielo no cae sobre nuestras cabezas. No se desploma pesado, turbio, asfixiante.
No nos deja un desierto en derredor lleno de soledad y calidez.
No nos caemos en el vacío por un pensamiento que nos amordaza. De hecho ningún pensamiento amordaza.
No hay luces suficientemente fuertes como para cegarnos. Sólo ojos que quieren entrecerrarse, sólo persianas que quieren cerrar y dejar en manos de los espíritus noctámbulos, la siguiente fase. Sólo cobardes.
Existe la oscuridad y la luz, como el día y la noche, el bien y el mal.

Y aún así nos paramos frente al espejo y sentimos asco.
Aún así seguimos queriendo autoconvencernos de que nuestra existencia es tan sumamente miserable que no existen buenas semillas. Que recoge uno tempestades sin haber sembrado vientos.

Seguimos girando en la espiral de tozudez humana, perdiendo minuto a minuto cada una de las gotas de nuestra vida sabiendo a ciencia cierta (porque hay verdades innegables) que detrás del frío viene el calor y que si lo queremos cuanto antes, solo tenemos que tomar un avión.

Basta de humillaciones, todo puede cambiar y lo sabemos. Estamos tan cegados por la pena que sentimos hacia nosotros mismos, que es muy difícil creer que exista una salida. Estamos tan acomodados en una realidad cruel y sobrecogedora, que nos destroza los nervios ver como hay quienes han sido premiados con una existencia (a nuestros ojos) sencilla, y no podemos encontrar los mecanismos que reactiven nuestro reloj. Sin embargo, hay otro reloj que nunca frena y que nos lleva en caída libre hacia un telón cerrado.
Y ahora dime, en serio, ¿va a ser éste tu viaje, amigo?