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viernes, 11 de febrero de 2011

Felicidad 1.5


Anda escribiendo una historia y borra,
borra las huellas de sus pies y sigue,
sigue hasta la colina más alta y baja,
baja a los infiernos más profundos y sonríe,
sonríe pues no hay premio que más le enorgullezca
que resurgir de sus cenizas como el ánima de un fénix,
que borrar pisadas y rehacer caminos
que encontrar la felicidad después de la tiniebla.

viernes, 4 de febrero de 2011

Enjoy the ride 2.0


Le describió aquella escena de tiovivos girando y girando, de risas de niños que coloreaban el cielo, del relinchar de las máquinas, de musiquillas repetitivas y alegres, del humo de los trenes, del color rojo como el de las amapolas, el de las rosas, el de las fresas. Le contó como el aire era templado y el azúcar estaba concentrado en él, como si las nubes de caramelo se pudieran respirar. Abría los ojos con sorpresa, y casi le parecía que su iris era de purpurina, fluorescente como una luna radiactiva, reflejando la felicidad propia de la más completa inocencia. Al fin y al cabo, podemos sentirnos así aun habiendo visto sangre, dolor, manchas, muerte.

lunes, 18 de octubre de 2010

Felicidad 1.0


"Los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados." Oscar Wilde.
En una personalidad trastornada y laberíntica la felicidad se obtiene en los lugares más insospechados. La atención se centra en detalles minúsculos que en principio solo son un chispazo en medio de lo oscuro, pero que si uno sabe poner oído, consigue darles voz. Nadie se fija en ellos, es cierto, es por ello tal vez que las personas más simples no tienen ni idea, repito, ni la más remota idea de lo que con solo sus sentidos y su voluntad serían capaces de experimentar. Cabezas huecas, felicidad fácil. Las personas complejas hacen de una gota toda una riada. Encuentran matices en el gesto más pequeño y sueñan.... sueñan y cumplen infinitamente sus sueños, especialmente los más lejanos. Amor a los caminos tortuosos, amor a las cosas más pequeñas que, en verdad, son las más grandes.

lunes, 4 de octubre de 2010

Enjoy the ride.


El cielo no cae sobre nuestras cabezas. No se desploma pesado, turbio, asfixiante.
No nos deja un desierto en derredor lleno de soledad y calidez.
No nos caemos en el vacío por un pensamiento que nos amordaza. De hecho ningún pensamiento amordaza.
No hay luces suficientemente fuertes como para cegarnos. Sólo ojos que quieren entrecerrarse, sólo persianas que quieren cerrar y dejar en manos de los espíritus noctámbulos, la siguiente fase. Sólo cobardes.
Existe la oscuridad y la luz, como el día y la noche, el bien y el mal.

Y aún así nos paramos frente al espejo y sentimos asco.
Aún así seguimos queriendo autoconvencernos de que nuestra existencia es tan sumamente miserable que no existen buenas semillas. Que recoge uno tempestades sin haber sembrado vientos.

Seguimos girando en la espiral de tozudez humana, perdiendo minuto a minuto cada una de las gotas de nuestra vida sabiendo a ciencia cierta (porque hay verdades innegables) que detrás del frío viene el calor y que si lo queremos cuanto antes, solo tenemos que tomar un avión.

Basta de humillaciones, todo puede cambiar y lo sabemos. Estamos tan cegados por la pena que sentimos hacia nosotros mismos, que es muy difícil creer que exista una salida. Estamos tan acomodados en una realidad cruel y sobrecogedora, que nos destroza los nervios ver como hay quienes han sido premiados con una existencia (a nuestros ojos) sencilla, y no podemos encontrar los mecanismos que reactiven nuestro reloj. Sin embargo, hay otro reloj que nunca frena y que nos lleva en caída libre hacia un telón cerrado.
Y ahora dime, en serio, ¿va a ser éste tu viaje, amigo?