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martes, 16 de noviembre de 2010

Respirar(te).


Te respiro
en tu atmósfera encuentro mi paz
mi oxígeno es la vida que exhalas
mi asfixia es el olvido, la sombra, la ausencia.

Te sigo
en línea recta detrás de tu aroma
en la pompa de jabón que nos desliza
en su musicalidad las almas se armonizan,
en silencio hablamos el mismo idioma.

sábado, 23 de octubre de 2010

Tu olor es mío.


Toda mi ropa huele a cuando estabas.
Sería al abrazarte -no lo entiendo-
o que estuviste cerca y se quedó prendido.
Si arrimo mi nariz al hombro o a la manga,
te respiro.
Al ponerme la chaqueta, en la solapa,
y en el cuello de un jersey que no abriga.
Aroma de placer, de feromonas,
de recostarme en ti mientras dormías.
Por mucho que la lave, mi ropa lo conserva:
es un perfume dulce que me alivia
como vestir mi carne con tu piel.
Y está durando más que mi recuerdo.
Tu rostro en mi memoria se disipa,
casi puedo decir que he olvidado tu cuerpo
y sigo respirándote en las prendas
que, al tiempo que me visten, te desnudan.
Pero la ropa es mía.
De tanto olerte en mí, tu olor es mío.
Tu olor era mi olor desde el principio,
fue siempre de mi cuerpo, no del tuyo,
de un cuerpo que lo tengo a todas horas
para quererlo entero como jamás te quise
y olerlo de los pies a la cabeza.
Es el olor de todas mis edades,
del niño absorto y puro,
del claro adolescente eléctrico y espeso,
de un joven con insomnio que soñaba
fantasmas del amor, y es también el olor
que al transpirar mis sueños
dejaron en las sábanas.
Quién sabe tú a qué aspiras sin este efluvio mío,
sin mi esencial fragancia.
Estando en compañía, serás siempre la ausente
igual que si te fueras o no hubieras llegado.
Pues no olerás a nada, no dejarás recuerdo
ni podrás despertar auténtico deseo
ni embalsamar las yemas de los dedos
que un día te acaricien
con un perfume físico y concreto.
Serás para el olfato de los otros
como un espejo para los vampiros.
Y yo atesoraré con más fe que codicia
este perfume dulce de mi cuerpo
que descubrí contigo.
Si quieres existir, respíralo de nuevo.
            Leopoldo Alas

Imposible describir mejor la confusión de olores que sucede después del amor. Qué forma tan dramática de descubrir el olor propio de uno, cosa que nunca nos paramos a percibir y conocer. Solo así, mediante experiencias tan intensas que marcan a la persona, ésta se queda con olores, con sonidos, con texturas... enlazándolas instantáneamente con la otra persona, cuando en realidad, muchas veces nos estamos percibiendo a nosotros mismos. Chapeau.

jueves, 14 de octubre de 2010

Clocks 1.0


Los relojes son una fuente inagotable de nerviosismo y crispación. Pero no tener un reloj me abruma. La ausencia de relojes es una fuente inagotable de nerviosismo y crispación.
Cada segundo cuenta y es decisivo, pero no lo apreciamos.
Miramos hacia atrás constantemente. Cuanto más mayores nos hacemos, más vivimos ahí atrás que aquí en medio. Me paso todo el día viendo cosas a mi al rededor que me traen recuerdos.
El otro día vi una melena rubia que al reflejar el sol de las seis de una tarde de otoño, me recordó al color de un día que pasó hace muchos años y que podía no haber vuelto a recordar jamás. Pero siempre hay alguna rubia reflejando crepúsculos por ahí, hurgando en el interior de pobres inocentes. Rubias.
También una vez pasó un señor por mi lado con una colonia terriblemente familiar que revivió trescientasmil cosas en una milésima de segundo. Y es que siempre hay cuarentones desoficiados que se cruzan contigo por la calle a paso raudo dejando una estela. 
Nos paramos a veces para fijarnos en si lo estamos haciendo bien o no, cuando en verdad todo nuestro tiempo deberíamos invertirlo en eso. Tenía razón quien dijo que el pasado no existe y que el futuro se hace andando. Y empezamos a andar ahora mismo, ahora, y ahora, porque el minutero avanza sin piedad alguna.
"Nada es tan urgente nena, nada tan importante, nada merece más la pena que el instante que tenemos delante, y el siguiente, y la oportunidad de hacerlo diferente (...)"
                                                     Kase O.

Tenedlo en cuenta, por Dios, aunque sea bellísimo recrearse recordando lo que se fue, si no nos centramos la mayor parte del tiempo en el presente, el futuro será una espiral de recuerdos y de recordar que recordabas. Espirales, siempre hay alguna serpenteando entre las sienes de inocentes. Espirales.