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miércoles, 6 de febrero de 2013

I love your blood.


(...)

Huelo tu sangre cuando estoy a tu lado.
Baila en tus venas con prisa, con más prisa cuando estoy yo.
Pero esta vez, correr no salvará.
No me mires, que me lees. 
No me mires a los ojos.
Escuchas mis pasos tras de ti,
yo escucho tu corazón latir deprisa.
Bum, bum, tu corazón.
Clap, clap, tacones finos.
Y cuando paso por tu lado, bajas la cabeza,
y yo escucho tu pensamiento hablar mal de mí,
¿por qué hacer algo así?
y te vuelves, disimulando, para mirarme por última vez,
como quien se admira ante el espejo antes de cortarse las venas.
Tus venas,
las que te llevas contigo a donde quiera que vas,
un ramo de ellas preferiría
antes que esas flores que se marchitan, 
sin estar jamás dentro de mí. 
Cuando crees que estás solo,
estoy.
Cuando crees que nadie te ve,
estoy.
Y a mí me gustas así.
Y por la noche en la copa de un árbol, enroscada como un reptil
te observo, a través de las cortinas, vivir.
Tu vida me hace salivar. Tu vida es... es mi vida.
¿Por qué no haces algo por mí?
 ...


viernes, 20 de abril de 2012

Simple man.



Puedes pensar que el único objetivo de tu madre es convertirte en una de esas personas normales que te cruzas por la calle a diario, con ropa que no destaca y caras que tampoco lo hacen.
Pero lo cierto es que a veces me pregunto, ¿existe alguien normal? Osea, con normal me refiero a alguien que nunca se haya cuestionado su integridad mental, alguien que nunca haya tenido miedo de sí mismo, alguien que no tenga secretos, alguien que no se pregunte nada, alguien que no arriesgue ni le haga falta, alguien que vaya de casa al trabajo y del trabajo a casa y le parezca bien seguir haciéndolo el resto de su vida.
Realmente lo que te pide tu madre es lo más difícil, y lo que cualquiera querría para un hijo, pues no trae sufrimiento alguno. Además, las "personas normales", al contrario de lo que su nombre indica, son una verdadera especie en extinción (o están ya extinguidas).
Lo que quiero decir con todo esto es que no tienes nada que envidiarle al vecino, porque todos tienen su pequeño infierno, normalmente ese infierno son ellos mismos y los restos de las experiencias "negativas" que han sufrido a lo largo de su vida. Cosas que no se borran.
Fuerza para todos aquellos que muchas mañanas nos levantamos dudando de nuestra condición de seres humanos y preguntándonos <<¿para qué?>>. Pellizcáos el brazo y a seguir con el martillo amigos, en el fondo ninguno quiere ser normal, ¿a que no?